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Jaime no tiene problema en parquear su camioneta al lado de las carretas de sus compañeros, cuenta el cambio que trajo en su vida el dejar su vehículo de tracción animal.

El caballo de lata está en el puesto de partida: una calle destapada del barrio Las Cruces, en el centro de Bogotá.

Su propietario –Jaime López– acaba de tomarse una taza de chocolate acompañada de pan blandito.

Hoy, como desde hace medio siglo, comenzará un nuevo día de trabajo como carretero, el oficio del que se siente orgulloso y la única herencia que le dejó María del Carmen López, su mamá, una de las pioneras de esta actividad en Las Cruces. (Vea imágenes de los carros que reemplazan las ‘zorras’)

Jaime dejó las riendas de su corcel urbano, ‘Muñeco’, y se dejó seducir, hace mes y medio, por la campaña de restitución de la tracción animal de la Alcaldía Mayor de Bogotá.

En efecto, este bogotano, de 63 años, cambió su vieja carreta pintada de verde y rojo, por una moderna camioneta de estacas que le entregó la Secretaría de Movilidad. Desde ese día, la vida de Jaime ha cambiado sustancialmente.

Los conductores ya no le gritan groserías por las ventanillas, ni las señoras del norte lo tratan de ‘zorrero’. “No fue solo montarse en otro vehículo: con esto me reconocen como ciudadano, como persona”, cuenta Jaime desde la cabina de su ‘nave’ último modelo que lo lleva en 30 minutos a la carrera 15 con calle 127. “En el caballito me echaba dos horas”, agrega. Las ventajas de recorrer las calles en su camioneta van más allá del ahorro de tiempo. Los bolsillos de Jaime también han sentido el cambio. Después de ocho horas de trabajo, el carretero logra llegar a su casa prefabricada de Las Cruces, donde vive con Blanca Flor Romero, con 40.000 pesos. Antes, al galope de ‘Muñeco’, solo conseguía 25.000.

Usa guantes, empaca la mercancía en la parte de atrás y su vehículo, según él, no da tanta ‘boleta’ como la carreta del pasado. Dejó también de picar zanahorias y de arrimar al animal a los pastizales olvidados: prefiere tanquear su carro en una gasolinería de la Caracas con 2a. Su familia también se siente feliz con el cambio, pues ahora llega más temprano y los acompaña a comer y a ver las novelas de las 8.

Fuente:

http://www.eltiempo.com/colombia/bogota/la-vida-despues-de-dejar-los-vehiculos-de-traccion-animal_12749741-4