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Una tutela los puede obligar a salir del sector debido a los desórdenes que achacan a su actividad.

Íngrid tiene dos televisores y duerme plácida en un somier. Los halló con su ‘zorro’ (carreta) a cuestas entre los desperdicios de los más pudientes. Ella es ‘cachivachera’. Así mantiene a sus tres hijos y se da uno que otro ‘lujo’.

Hay comercio en medio de la basura y el polvo del ‘cartuchito’ en el barrio María Paz (Kennedy). En el lenguaje de barrio, el mercado de lo usado está entre la calle del Chontaduro y la puerta siete de Corabastos. Llueve y el día es negro para los que viven de la basura, pero Íngrid, de Magangué (Bolívar), contó su historia.

En vísperas de Navidad hay más mercancía porque a la gente le gusta cambiar y es ahí cuando la mitad del armario termina en la calle. “Una vez, una señora me regaló una bolsada de cosas nuevas, jeans, ropa interior, leggins. Lo que me gustó lo cogí para mí”, contó, recordando uno de sus mejores días de trabajo.

Ella y sus compañeros salen de 3 de la tarde a 1 de la mañana a recorrer las localidades en búsqueda de ‘cachivaches’, que no son más que blusas, jeans, zapatos, juguetería, electrodomésticos, celulares y, en pocas palabras, todo lo que tenga ‘chance’ de salvarse de la muerte material.

La búsqueda no es fácil. Se estrellan con susurros, “ese debe ser ladrón”, o con humillaciones mientras se untan de suciedad.

Íngrid, por ejemplo, se pasea por Fontibón, Carvajal y Mandalai y como ya es cachivachera experimentada, ha llegado a su casa, arrastrando con su ‘zorro’, una nevera o una lavadora. “No lo robamos. Hay gente que bota las cosas buenas o con daños mínimos”, aclaró haciendo la salvedad o evitando una mirada que la juzgara.

Al otro día, comienza la función. Hombres y mujeres, muchos después de pasar la noche durmiendo en sus carretas, exhiben todos sus ‘segundazos’.

Así, venden una blusa a 1.000; una falda, a 1.500 o un jeans, a 5.000, y quizás un juguete de 500. Gracias a ellos las compras de Navidad son posibles para los más pobres entre los pobres.

Hay otro mercado más poderoso que busca a los ‘cachivacheros’, y son los revendedores. “Uno ya sabe quién compra y le ‘bautiza’ (poner precio) a uno la mercancía”, contó Íngrid.

Ellos les compran jeans de marca, celulares dañados y zapatillas. “Los lavan, los arreglan y los venden al doble en la plaza España. Si son Levis los vendemos a 20.000, igual si son zapatillas Nike”, contó la mujer.

Íngrid llega a su casa con 50 o 70 mil pesos de ganancia, se sienta en su somier y sueña con conocer México, porque sobre una mesita reposa un cenicero que dice Cuernavaca, adornado de monedas que alguien dejó abandonado en un andén.

Esta puede ser la última Navidad activa de los cachivacheros. Una tutela ganada por los vecinos puede ser el comienzo de la salida del sector. Los comerciantes alegan por el desorden y las basuras que generan. “Debemos cambiar, pero ojalá no nos dejen sin trabajo. Muchas familias vivimos de esto, o si no pregunte en El Paraíso (Ciudad Bolívar)”, dijo Íngrid.

La gran venta será hoy martes; eso si la lluvia no saca corriendo a los cachivacheros del Cartuchito.

Fuente:

http://www.eltiempo.com/colombia/bogota/el-rebusque-navideo-de-los-cachivacheros-de-el-cartuchito_13314069-4